16.7.08

Todos a la cárcel

Rememoro el título de aquella descarnada comedia de Berlanga para lamentarme, una vez más.

¿Es razonable llegar a cinco años de prisión (que no es ninguna broma) para castigar a un tramposo? ¿Alguien se cree que, en el enorme entramado que forma una competición como el Tour de Francia, sólo el último eslabón, el ciclista, puede ser responsable de determinadas conductas? ¿No será que para que el espectáculo continúe hay que incluir la ración de escándalo policial-judicial que garantice las portadas de prensa y noticiarios? ¿Por qué no se preocupan de erradicar la corrupción de las federaciones ciclistas (al menos, las españolas)? ¿Por qué no se mide por el mismo rasero a todos los deportes? ¿Por qué la “justicia” deportiva va por libre?
Ahora resulta que España es “la última frontera del dopaje” y que los ciclistas españoles son los únicos responsables del dopaje. Resulta que el ciclismo está podrido por culpa de los ciclistas españoles y “San Tour de Francia” y “Nuestra Señora de la UCI” (que me perdonen los católicos por esta pequeña broma) vienen a salvarlo.

Estoy hasta las narices de tanta hipocresía, de que desde cuatro despachos se estén cargando este deporte en nombre de una pretendida limpieza.
No en mi nombre, desde luego.

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